31 de mayo de 2010

¿Que la acupuntura funciona? Pues va a ser que no...

La verdad es que el título llama la atención:


Y el sitio donde se ha publicado llama la atención más aún:


Así que no será extraño que mañana empecemos a toparnos con titulares del tipo "Descubren el mecanismo de funcionamiento de la acupuntura", "Los científicos encuentran pruebas de que la acupuntura funciona" y otros por el estilo, ¿verdad?

Y no darán ni una.

Y eso que el titular, como decía, llama la atención y hasta mueve al equívoco. Lo que ocurre es que, como suele ocurrir, el contenido del artículo no responde ni mucho menos a las espectativas que levanta. Veamos.

Para empezar una breve descripción: los autores del estudio insertaron agujas de acupuntura en el punto llamado "Zusanli" a ratones con las patas inflamadas, y comprobaron que la inserción no producía ningún efecto. Sin embargo, al girar las agujas cada cinco minutos (tal y como hacen los acupuntores) los niveles de adenosina de los ratones se disparaban. La inyección de sustancias que inhiben la degradación de la adenosina (ayudando por tanto a mantener altos sus niveles) produjo efectos similares. Dado que la adenosina es un potente agente analgésico, los investigadores concluyen que

These observations indicate that adenosine mediates the effects of acupuncture and that interfering with adenosine metabolism may prolong the clinical benefit of acupuncture [Estas observaciones indican que la adenosina tiene relación con los efectos de la acupuntura y que interferir con el metabolismo de la adenosina puede prolongar los beneficios clínicos de la acupuntura].  

Patinando monumentalmente, y de paso haciendo patinar nada menos que a Nature.

Repasemos. En primer lugar, los investigadores observan que los pinchazos por sí solos no bastan, sino que hay que girar la aguja periódicamente. ¿Por qué? Supuestamente se trata de reequilibrar el chi y todas esas cosas, pero los autores del estudio no llegan a tanto. Simplemente constatan que


We found that insertion and manual rotation of acupuncture needles triggered a general increase in the extracellular concentration of purines, including the transmitter adenosine (Fig. 1), which is consistent with the observation that tissue damage is associated with an increase in extracellular nucleotides and adenosine [Descubrimos que la inserción y rotación manual de agujas de acupuntura dio lugar a un incremento generalizado en la concentración extracelular de purinas, incluyendo el transmisor adenosina, lo cual es consistente con la observación de que el daño de los tejidos se asocia con un incremento en los nucleótidos y adenosina extracelulares].

 Y ese es el problema: como dice la entrada de la Wikipedia en inglés,

Extracellular adenosine concentrations from normal cells are approximately 300 nM; however, in response to cellular damage (e.g. in inflammatory or ischemic tissue), these concentrations are quickly elevated (600–1,200 nM). Thus, in regard to stress or injury, the function of adenosine is primarily that of cytoprotection preventing tissue damage during instances of hypoxia, ischemia, and seizure activity. [La concentración extracelular de adenosina procedente de células normales es de aproximadamente 300 nM; sin embargo, en respuesta a un daño celular (por ejemplo en tejido inflamatorio o isquémico) estas concentraciones se elevan rápidamente (600-1.200 nM) Así, respecto al estrés o a una herida, la función de la adenosina es fundamentalmente de citoprotección, previniendo el daño de los tejidos durante episodios de hipoxia, isquemia o convulsiones].

En definitiva, ni chi ni gaitas: una herida -cualquier herida- es lo que dispara la producción de adenosina, y lo que hicieron los investigadores al girar la aguja es precisamente eso, dañar los tejidos celulares para estimular esa producción. Para este viaje, sinceramente, no hacían falta esas alforjas.

A no ser, claro, que lo del punto "Zusanli" tenga su importancia. Al dañar los tejidos celulares precisamente en ese punto, ¿se produce incrementa especialmente la producción de adenosina? ¿Se detecta menos adenosina si se pincha y retuerce tres centímetros más allá o más acá?

Respuesta rápida: ni idea.

Al menos, no tienen ni idea los investigadores, sencillamente porque no se han molestado en comprobarlo. Si leen ustedes el artículo verán que no han tenido la ocurrencia de emplear ningún tipo de control.

Pero ojo, eso era solo la respuesta rápida. La respuesta lenta es: tampoco.

En los últimos años se han desarrollado diversas técnicas de "falsa" acupuntura para emplearlas como placebo: agujas que se retraen sin llegar a perforar la piel, de modo que el paciente solo nota el pinchazo, o insertar las agujas fuera de los puntos de acupuntura. Incluso al buen tuntún, por parte de gente que no tiene ni idea de los supuestos meridianos y todos esos cuentos chinos (con perdón por el chiste fácil). Los resultados son los que pueden ustedes imaginar: la acupuntura "real" produce exactamente los mismos resultados que la "falsa".

Naturalmente, los investigadores podrían haber empleado alguno de esos métodos, especialmente el de los pinchazos, digamos, "fuera de tiesto", para comprobar si de verdad los puntos de acupuntura (o al menos ese punto en particular) tienen algo de especial. En teoría no lo han hecho, pero en la práctica probablemente sí.

Volvamos atrás unos párrafos. Nos preguntábamos si

¿Se detecta menos adenosina si se pincha y retuerce tres centímetros más allá o más acá? 

Pero claro, esa pregunta tal y como está formulada es válida con seres humanos, y el experimento se realizó con ratones. Tres centímetros más allá o más acá supone, literalmente, pinchar fuera del ratón. Teniendo en cuenta las dimensiones relativas de una persona y un ratón, probablemente tendríamos que hablar de una desviación de uno o dos milímetros, a lo sumo.

Y teniendo en cuenta que el punto "Zusanli", como los demás puntos de acupuntura en general, no se corresponde con ninguna estructura anatómica concreta, sino que se calcula más bien a ojímetro, no me parece nada descabellado pensar que los investigadores hayan insertado las agujas a esa o incluso a mayor distancia de ese punto teórico. Por mucha puntería que tuvieran: al fin y al cabo, no había nada real a lo que apuntar.

Así que ya lo ven. Las conclusiones reales del estudio serían:

- Que ha descubierto algo que ya se sabía, es decir, que la destrucción de tejidos celulares incrementa la producción de adenosina.

- Que no han descubierto lo que sugiere el título del artículo, o sea, si realmente la acupuntura "real", como tal, produce algún efecto distinto de cualquier otro método análogo que dañe los tejidos celulares. De hecho, como hemos visto, lo más probable es que sin querer hayan comprobado que es así, es decir, que la acupuntura "real" es indistinguible de la "falsa".

Eso, en cuanto a las conclusiones reales. En cuanto a lo que dirá mañana la prensa (encabezados, sin duda, por los animosos chicos de Europa Press)... ¿a que también lo han adivinado?


Actualización a... bueno, un ratito después. De momento ABC y El Mundo ya han picado. Veremos lo que tardan los demás.


Actualización a 2 de junio. Un poco más sobre este tema aquí.

29 de mayo de 2010

Evitando el número maldito.

Observen esta imagen


No hay mucho que ver, ¿verdad? Salvo por un detalle. Bueno, dos: los números. El de la puerta que se adivina a la izquierda es este:


Y este es el de la puerta de la derecha:


Y, como diría Daniel Rabinovich, en el medio no hay nada. Bueno, sí, hay un poste de teléfonos bastante feo, pero aparte de eso no hay gran cosa. Y, desde luego, no hay ningún número.

Hace algunos años, cuando el Ayuntamiento se acordó de esta zona y decidió adecentarla (justo antes de las elecciones municipales, seguramente por una de esas casualidades que se dan cada cuatro años) colocó números a las casas. Y claro, en casi todas las calles hubo alguien a quien le tocó el número trece. Me consta que el Ayuntamiento recibió varias peticiones para cambiar ese número (con el correspondiente cambio de numeración del resto de la calle), y como pueden ver alguna tuvo éxito.

Lo cual demuestra, por otra parte, que por muy tonto que sea alguien siempre es posible encontrar a otro aún más tonto. En el Ayuntamiento, sin ir más lejos.

28 de mayo de 2010

El número maldito

Seguro que ya han visto la noticia. Porque hoy es difícil no toparse con ella:


La noticia, además, cuenta con un titular la mar de jugoso. Así, por ejemplo, ABC la titulaba así:


Temiendo quedarse cortos, en Libertad Digital le dedicaban este otro titular:


Y, para finalizar con nuestro desfile de los horrores, Periodista Digital titulaba la noticia de esta forma tan concisa pero decididamente escalofriante:


Acongojante, ¿verdad?

Como saben los conocedores de este mundillo del circo paranormal, las noticias así de estremecedoras suelen provenir todas del mismo sitio. Se trata de... sí, lo adivinaron: la fuente es Europa Press, que dice que


La policía búlgara decidió esta semana retirar de la circulación el número de móvil '0888 888 888' después de que sus tres últimos propietarios fallecieran de manera inesperada con edades comprendidas entre los 31 y los 48 años.
Desde hace 10 años, el número '0888 888 888', de Mobitel, parece haber traído la tragedia a aquellos que lo han tenido en su poder, tanto es así que la policía búlgara ha decidido suspenderlo, no obstante, desde la compañía no han querido hacer ningún comentario.

Da miedo, ¿verdad? Sobre todo si nos quedamos aquí. Porque si seguimos leyendo...

El primero en caer en desgracia tras serle asignado este número de teléfono fue el ex director general de Mobitel, Vladimir Grashnov, quien en 2001 fallecía de cáncer a la edad de 48 años; si bien a su muerte siguieron numerosos rumores que apuntaban a que en realidad había sido envenenado por un rival de negocios.

Mmmh... Bueno, bien, esas cosas ocurren. De hecho el rumor sobre la muerte de Grashnov, por lo visto, dice que fue envenenado con una sustancia radiactiva por un empresario rival, historia que parecería un poco de ciencia ficción si no fuera porque ya ha habido algún que otro precedente.

Vamos, que difícilmente cabe atribuírle la desgracia al número, ¿verdad? Pero, ¿y la del siguiente dueño?

Al morir Grashnov, el número fue reasignado al jefe de la mafia búlgara, Dimitrov Konstantin. Poco tiempo después (en 2003), Konstantin moría asesinado en un viaje a Holanda para vigilar sus redes de narcotráfico. Contaba con 31 años, según recoge 'Portaltic' de la web del 'Daily Mail'.

Una muerte natural, como quien dice. Vamos, quiero decir que es bastante natural que un jefe mafioso acabe muerto acribillado a balazos. El número de teléfono sigue pareciendo bastante inocente, digo yo. Claro que a lo mejor el tercero...

El número, de nuevo sin propietario, fue a parar al teléfono del empresario Konstantin Dishliev, que no corrió mejor suerte y fue asesinado a tiros en un restaurante indio en Sofía, Bulgaria. Cabe decir que la inmobiliaria Dishliev había llevado a cabo secretamente una operación masiva de tráfico de cocaína antes del asesinato.

En resumidas cuentas: un empresario muerto de cáncer (causado o no por envenenamiento con materiales radiactivos, cualquiera sabe) y dos narcotraficantes fallecidos a consecuencia de lo que podríamos denominar "riesgos laborales". Todo ello, por si fuera poco, procedente de una fuente tan, ejem, prestigiosa como el Daily Mail.

En fin; que pique Europa Press, teniendo en cuenta su historial, tiene aún su explicación. Que a continuación piquen no sé cuántos periódicos, radios y televisiones, aún tiene un pase. Pero que con una noticia tan estúpida como esta encima compitan a ver quién le pone el titular más sensacionalista, es algo digno de figurar en los anales de... aquí.

23 de mayo de 2010

Alicia y Les Luthiers

Y ahora, para quitar el mal sabor de boca, les presento a la fan de Les Luthiers más joven del mundo mundial:

El Cristo de Javier Krahe

Uno de los artículos más polémicos del Código Penal es el 525, ese que dice que

1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

Polémico y delicado a la hora de aplicarlo. Por un lado está el hecho innegable de que los creyentes son especialmente sensibles con cualquier cosa que pueda herir sus sentimientos religiosos. Y por el otro...

Bueno, por el otro hay muchos factores a considerar, desde la cortapisa que supone para la libertad de expresión hasta el hecho de que lo que para una determinada creencia religiosa es un dogma de fe para otra puede resultar ofensivo y hasta vejatorio. Pero el principal problema es, creo yo, ese mismo argumento sobre la sensibilidad de los creyentes. Porque, francamente, la facilidad con la que muchos de ellos se consideran ofendidos puede llegar a extremos francamente ridículos.

Y ese es el caso de la apertura de juicio oral contra Javier Krahe por la supuesta comisión de un delito contra los sentimientos religiosos. Su vídeo sobre cómo cocinar un Cristo puede resultar de mejor o peor gusto, pero, la verdad, para ofenderse con él hay que tener una sensibilidad que ya entra de lleno en lo patológico.



Veremos en qué queda la cosa. De momento la noticia que ha trascendido es la de la importante cantidad que tanto él como la productora de Lo + Plus tienen que depositar o afianzar para responder de las penas que se les solicitan. Menos conocido es el hecho de que, según el auto de apertura de Juicio Oral, el procedimiento sigue adelante sólo a petición de las acusaciones populares (el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro y J. Nicolás de Salas Moreno), pero el Ministerio Fiscal, con toda coherencia, ha solicitado el sobreseimiento de la causa. Y cabe esperar, creo yo, que decida eso mismito el Juzgado de lo Penal correspondiente.

Pero hay otro argumento contra el artículo 575 que nadie, y mucho menos el Centro de Estudios Jurídicos Tomás de Torquemada Moro o el tal J. Nicolás de Salas Moreno, parece tener en cuenta. El vídeo de marras fue emitido en su día por Canal + y lo verían... bueno, no sé cuántos televidentes. Pero ahora, gracias a la iniciativa de estos esforzados imitadores de Bernardo Gui, el vídeo de youtube lleva ya cincuenta y tantas mil visitas, el asunto está siendo reflejado en multitud de periódicos y bitácoras de España, e incluso ha llegado nada menos que a Pharyngula.

En fin, que me da la impresión de que a estos inquisidores se les va a indigestar bastante el Cristo al horno de Javier Krahe. Y si no, al tiempo.

Martin Gardner

Hace seis meses les comentaba que Martin Gardner vivía, gozaba de buena salud y, sobre todo, buen humor, e incluso tenía previsto terminar su autobiografía en uno o dos años. No pudo ser. Tal y como cuenta James Randi, Gardner acaba de fallecer. Los escépticos nos hemos quedado un poco huérfanos.

A quienes lo conocen no hará falta decirles que con él hemos perdido a uno de los divulgadores más amenos, divertidos y rigurosos. A quienes no lo conocen solo puedo animarles a que lean sus libros. Y a todos, que sigamos su ejemplo, divulgando lo bueno, rechazando lo malo y denunciando lo falso.


19 de mayo de 2010

Farmacias magufas

A pesar de los esfuerzos de unos y de otros, lo cierto es que la prescripción de la homeopatía no es algo reservado a los poseedores de alguno de estos títulos universitarios que relacionamos aquí, y hoy por hoy la pueden recetar desde sesudos médicos de ideas decimonónicas hasta el amigo de un amigo que se lo oyó contar al amigo de un amigo, pasando por personas con titulaciones más o menos dudosas o simples autodidactas. Pero en todo caso el camino que recorre el remedio homeopático desde que nos lo prescriben hasta que nos lo tomamos con toda la ingenuidad del mundo pasa siempre por un lugar: las farmacias.

Si se han tomado la molestia de consultar los enlaces que vamos facilitando verán que en la mayoría de las ocasiones los estudios de homeopatía se dirigen no solo a médicos, sino también a titulados de farmacia. Y si no lo han hecho no se preocupen: seguro que les basta con darse un paseíto por su barrio para comprobar que estos establecimientos que se supone expiden medicinas también venden (y anunciándolo con grandes letras) homeopatía, pulseras Power Balance y otros muchos productos milagro. Al contrario de lo que ocurre en otros países, cuyos farmacéuticos se van pronunciando en contra de vender este tipo de engaños, en España son la norma general. O eso parece.

Y ahora tenemos la oportunidad de comprobar si es así o no. El blog Las penas del agente Smith ha tenido la excelente idea de crear un mapa de farmacias magufas, en el que los usuarios pueden señalar las farmacias que venden homeopatía, las que además venden otros productos milagro, o las que se limitan a la medicina científica. Así que ya saben: aprovechen ese paseíto por el barrio y pásense luego por el mapa para señalar si la farmacia de la esquina vende o no esas cosas. Así sabremos todos a qué atenernos.


Ver Farmacias magufas en un mapa grande

18 de mayo de 2010

Argumentando en dosis homeopáticas (III)

Lo reconozco: se nos pasó por alto. Ni cuando Alice Sheppard redactó su colección de "argumentos" homeopáticos ni cuando yo la traduje para mi blog nos dimos cuenta de que se nos escapaba uno de los más empleados. De hecho hoy mismo lo ha vuelto a emplear hoy, aquí, entre los comentarios de esta estupenda entrada de Mondo Medico.

Adaptándolo al formato de los que ya recogimos Alice y yo podríamos formularlo así:

ARGUMENTO MORTAL:

1.- La "alopatía" causa miles de muertos todos los años.
2.- Luego la homeopatía funciona.

Supongo que no se ofenderá nadie si digo que los que emplean este "argumento" son incapaces de darse cuenta de que es un disparate. Y digo que supongo que no se ofenderá nadie porque la alternativa sí que me parece más ofensiva: que se den cuenta y aun así lo empleen. Pero sea como sea, se trata de una falacia como la copa de un pino.

Para verlo más claro vamos a reformularlo. En realidad los homeópatas suelen usarlo más o menos así:

ARGUMENTO MORTAL
1.- La "alopatía" causa miles de muertos todos los años.
2.- La homeopatía no causa muertes (o muchas menos, en todo caso).
3.- La homeopatía es mucho más segura que la "alopatía".
4.- Luego la homeopatía es preferible a la "alopatía".
Para apoyarlo los homeópatas suelen esgrimir unas cuentas bastante abultadas. Por ejemplo, las que contiene el dibujito al que enlaza el comentario en Mondo Medico:


¿Qué es lo que falla en el razonamiento, entonces? Pues básicamente que se comparan dos realidades difícilmente comparables. Por ejemplo:

  • La homeopatía suele emplearse para dolencias menores, mientras que la medicina científica abarca toda clase de enfermedades, incluyendo las más graves. En el mismo saco se meten también los tratamientos quirúrgicos o los cuidados paliativos a enfermos terminales, que lógicamente pasan a engrosar las cifras de muertes atribuidas a la "alopatía".
  • Las cifras de utilización de la medicina científica y la homeopatía no son ni remotamente comparables. Aunque los homeópatas suelen hablar de cantidades pasmosas de usuarios, lo cierto es que sus propias cifras les desmienten: el número de médicos que prescriben homeopatía en España (según el sector, como cita Shora en los comentarios a la entrada de Mondo Medico) es de 9.000, que sobre 200.000 colegiados representa menos de un 0,5 %. Por otra parte, la homeopatía también supone un porcentaje ínfimo en la facturación de las farmacias (estoy detrás del dato exacto, pero en cualquier caso parece inferior al 1%), y ello a pesar de que los productos homeopáticos, digan lo que digan sus defensores, resultan mucho más caros que los verdaderos fármacos. Y a pesar de los millones y millones de usuarios que, siempre según los homeópatas, tiene la homeopatía en España, el porcentaje real según las fuentes más fiables también ronda el 1% (más sobre eso otro día).
  • Por otro lado, las cifras de mortalidad no son fiables. En el caso de las muertes supuestamente debidas a la medicina científica, aunque en cada caso se vienen dando unas u otras cifras, casi a voleo, en los pocos en que se citan referencias suelen estar gravemente tergiversadas, o aumentadas artificialmente. Por el contrario, las cifras sobre muertes atribuibles a la homeopatía son prácticamente inexistentes. En primer lugar porque, reconozcámoslo, son muy raras: salvo algunos casos debidos a productos contaminados o que contienen sustancias activas nocivas, lo normal es que los productos homeopáticos no contengan nada, ni beneficioso ni dañino, así que difícilmente pueden causar la muerte (sí, ya sé lo del chiste de atarse una piedra al cuello y tirarse al río, pero aparte de eso ahí tienen como ejemplo el resultado del placebocidio masivo del pasado enero). Los productos homeopáticos, por otra parte, suelen usarse muchas veces como complemento de un tratamiento real, así que en caso necesario los homeópatas ya tienen sus medicamentos "alopáticos" a los que cargarles el muerto (y nunca mejor dicho). Y en tercer lugar, la homeopatía, como suele ocurrir con las pseudoterapias, está blindada contra este tipo de cosas: en teoría "funciona" activando de alguna manera las capacidades autocurativas del paciente, de modo que si este se muere la culpa no puede ser nunca de la homeopatía, sino de un fallo en esas capacidades. 
Y, en fin, podríamos seguir comentando más razones, pero en el fondo da igual: con una sola basta para desacreditar el argumento. Y es que, por mucho que se empeñen sus partidarios, lo cierto es que la homeopatía no ha demostrado hasta la fecha de forma convincente que tenga efectividad alguna. Y aunque es cierto que un buen número de procedimientos médicos tienen una eficacia dudosa o incluso nula, también lo es que muchos otros, la gran mayoría, sí que han demostrado su eficacia y su utilidad. De modo que el "argumento" en cuestión tiene el mismo valor que, por ejemplo, este otro:


ARGUMENTO MORTAL
1.- Los accidentes de aviones de pasajeros causan miles de muertos todos los años.
2.- Agitar los brazos para volar no causa muertes (o muchas menos, en todo caso).
3.- Agitar los brazos para volar es mucho más seguro que viajar en avión.
4.- Luego agitar los brazos es preferible a volar en avión.

Argumento que desde aquí, y con todo el cariño del mundo, brindo a los homeópatas. No para que dejen de volar el avión (aunque la sustentación de las alas también se basa en la física "convencional" y hasta podríamos decir que "alopática", así que quizá deberían planteárselo por una cuestión de simple coherencia); simplemente para que reflexionen un poco. Que no hace daño, de verdad.

16 de mayo de 2010

¿Las pulseras holográficas provocan ataques de esquizofrenia?

Es curioso que, al contrario de lo que suele ocurrir normalmente, muchos medios de comunicación hayan denunciado públicamente el timo de las pulseras holográficas. Vean, por ejemplo, el caso del diario La Verdad. En febrero del año pasado publicaba este artículo en el que se denunciaba el timo con todo detalle:



Decía el artículo que

Desde la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, la médico valenciana Esther Samper refuta un discurso que califica de «pura palabrería» y afirma que los brazaletes «no pueden tener efecto alguno porque están compuestos por materiales inertes que no afectan para nada a las personas». Añade Samper que los fabricantes «se han limitado a modernizar con hologramas el viejo argumento del electromagnetismo, pura superchería desde un punto de vista científico».

Menos de un mes después, el mismo periódico publicaba este otro artículo, denunciando igualmente el fraude:



Y citando también a algún otro personaje conocido:

Para Fernando Frías, abogado alicantino experto en fraudes paranormales, la explicación del fenómeno radica en el «efecto placebo. Los testimonios hablan de cuestiones muy subjetivas, como sentirse mejor o peor, que no dependen de las dolencias -muchas veces cíclicas- sino de la interpretación que de ellas se haga», en la «autojustificación de la inversión» y en que «mucha gente no sabe distinguir explicaciones sin fundamento».

Frías, que es miembro del Círculo Escéptico, destaca que el consumidor está desprotegido ante este tipo de productos milagro. «La Administración no actúa y los jueces lo excluyen de los delitos de estafa porque el engaño es tan burdo que no es culpa únicamente del estafador sino también del estafado».

A finales de abril, La Verdad volvía a comentar el fraude de las timopulseras, con motivo de la denuncia de Facua contra la empresa Power Balance España:



Como decía el periódico,

La pulsera fue desarrollada hace un par de años por un grupo de atletas norteamericanos con una fórmula bastante sencilla: una simple tira de neopreno o silicona y un poco de autosugestión.

Y no acaba aquí la cosa. Tres días más tarde La Verdad informaba de que Facua ha denunciado a una tercera empresa fabricante de timopulseras:



Recordando de nuevo que

Dada la gran variedad de pulseras pseudomilagrosas, esta organización de consumidores ha pedido a las administraciones que actúen "con la rapidez y contundencia" ante un "fraude de estas dimensiones", en el que cientos de miles de afectados han comprado pulseras con supuestos efectos beneficiosos sobre la salud.

Bueno, pues adivinen ahora qué promoción trae la edición de hoy de ese mismo periódico:



Maikelnai comentaba hoy en su blog algunas de las razones por las que los blogs van ganando terreno a la prensa convencional. Bueno, aquí tienen una de ellas, porque después de esto la credibilidad del periódico queda a la altura del betún.

Y conste que el título de esta entrada es una simple broma: las pulseras estas no provocan ningún efecto sobre la salud, y la promoción probablemente no se deba a un ataque de esquizofrenia, sino de márketing. Es más: sospecho que parte de la culpa de este bochorno se debe sencillamente a que los responsables de la promoción ni siquiera se molestan en leer su propio periódico.

Y la otra parte al verdadero efecto Power Balance, claro. Porque no me negarán que, en este caso, la relación entre las timopulseras y la idiotez es innegable, ¿verdad?

14 de mayo de 2010

Hacen falta más padres coraje

"Un engaño demasiado evidente para castigarlo". Así titula el diario El Mundo un artículo, publicado hace pocos días, en el que explica que un Juzgado de Lérida ha absuelto a un individuo acusado de estafa. Según el periódico,

Aboubacar Q. fue detenido en mayo del año pasado tras la denuncia de un empresario que le acusaba de estafarle 39.000 euros con falsas promesas. Al hacerse pública la noticia salieron hasta tres presuntas víctimas más, hombres de negocios de Lleida que reconocieron que acudieron a su consulta para solucionar problemas económicos y personales pero que tras varias consultas no consiguieron nada más que perder más dinero para satisfacer las peticiones del vidente.

Sí, era vidente. De hecho, sigue explicando el artículo,

Según la investigación policial y las declaraciones de los presuntos estafados, tras las primeras visitas el mago iba incrementando la cantidad de dinero que pedía, cuya cifra basaba en datos personales como su edad multiplicada por mil o la fecha de su nacimiento.

A pesar de lo cual

el juez ha dictado el sobreseimiento de la causa argumentando que "sólo hace falta recordar que los denunciantes acudieron al denunciado porque, a través de rituales de magia, solucionara sus problemas económicos y personales", lo que no considera "engaño suficiente". Además, el juez destaca su "condición de empresarios".

La letrada del acusado presentó durante el juicio jurisprudencia del Supremo que considera que "no existe estafa cuando el estafado acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos o tiradoras de cartas".

No es la primera vez que hablamos aquí de este tema, y me temo que tampoco será la última. Mientras la redacción del artículo 248.1 del Código Penal y su interpretación jurisprudencial sigan siendo las mismas, las víctimas de estos timos paranormales estarán prácticamente indefensas.

Pero eso no quiere decir que no puedan hacer nada.


Este es Pedro Hernández. Lo conocí hace algunas semanas, cuando coincidí con él en el programa de Ana Rosa Quintana precisamente para hablar de esto mismo, de las estafas de los curanderos.

Su historia es un auténtico ejemplo para todos. Comenzó cuando su hijo recién nacido empezó a sufrir crisis epilépticas violentas y a un ritmo devastador: algún día llegaron a contar más de ciento cincuenta. La epilepsia era, además, resistente a los fármacos, y los médicos que le trataban no eran capaces de dar con una solución.

De modo que hizo lo que hacen muchas de las víctimas de este tipo de estafas: acudió a una serie de curanderos y sanadores que le practicaron exorcismos, le proporcionaron brebajes mágicos (que afortunadamente para el niño estaban compuestos simplemente por agua del grifo, aunque su precio, como pueden imaginarse, resultaba mucho más abultado) y llevaron a cabo toda clase de rituales absolutamente inútiles. Pedro llegó a gastarse prácticamente todos sus recursos económicos en esta gentuza, hasta que, tras varios fracasos, decidió buscar ayuda real: estudió la enfermedad, buscó médicos especialistas en ellas, y finalmente encontró un tratamiento quirúrgico que no pudo evitar que el niño sufriese secuelas psíquicas, pero al menos estabilizó su estado.

Pero Pedro hizo algo más: se atrevió a denunciar públicamente a todos aquellos farsantes. En eso mismo consistió su presencia en el programa: en una exposición pública de la manera en que esa gentuza abusó de su situación desesperada y del ansia de cualquier padre por encontrar un remedio, por descabellado que sea, para el problema de su hijo.

Como decía, Pedro es un ejemplo para todos, pero debería serlo especialmente para quienes han sufrido este tipo de engaños. Es cierto que la legislación no les ampara: como mucho podrán recuperar el dinero perdido, tras un proceso lento y largo y con una buena dosis de suerte, pero nada les recompensará de los sinsabores sufridos, y los estafadores no recibirán ningún castigo. Pero pueden ayudar a exponerlos públicamente, para evitar que sigan abusando de la buena fe y la desesperación de otras personas. Pueden contar su caso a los medios de comunicación, o a las asociaciones escépticas (tanto Círculo Escéptico como ARP-SAPC estarán encantadas de ayudarles en la medida de lo posible), o ponerse en contacto con un blog de denuncia de la pseudociencia y la charlatanería. Ni siquiera tienen que dar la cara: Pedro lo hace, pero en otros muchos casos los medios no divulgan el rostro, la voz o los datos de los testigos. O ni siquiera emiten su testimonio, pero se apoyan en él para investigar al estafador y exponer en antena sus métodos. Cualquier cosa ayuda.

La doctrina del Tribunal Supremo sobre las estafas paranormales viene a decir que las víctimas son también parcialmente responsables del engaño en que han caído. Ya comenté en su día las razones por las que no me parece una interpretación correcta, pero sí que es cierto que algo de responsabilidad tienen en los engaños en que caen otras víctimas, porque es su silencio lo que permite que los estafadores sigan haciendo negocio. Y lo seguirán haciendo mientras a Pedro no se le unan más "padres coraje" como él.

9 de mayo de 2010

6 de mayo de 2010

Legislar la magia

Los antiguos romanos representaban al dios Jano con dos caras. No está muy claro por qué, aunque hay algunas pistas: como dios de las puertas (sí, en serio) su función sería algo así como vigilar el interior y el exterior de los recintos, y quizá por eso se le consagraron las Portae Belli del foro de Roma, que solo permanecían abiertas en tiempos de guerra (vamos, casi siempre) y en cuyo interior se celebraban diversos rituales propiciatorios. Según la Wikipedia en su edición en inglés, Macrobio y Cicerón decían que se trataba en realidad de dos dioses, Janus y Jana, masculino y femenino, aunque las representaciones clásicas dejan cierto margen a la duda: o su versión no era correcta o Jana debía ser la patrona de las mujeres barbudas del circo:



Y otra leyenda, en fin, dice que su aspecto se debe a que Jano tenía el poder de mirar al pasado y al futuro.

Quizá sea por eso que la revista Jano no se limita a noticias médicas de actualidad, y de vez en cuando nos obsequia con informaciones (es un decir) acerca de las pseudoterapias más rancias. La última, de momento, es la que Carla Nieto dedica al seminario sobre homeopatía antroposófica celebrado hace unos días por ECHAMP, y del que ya comentamos algo por aquí.



En realidad el artículo no aporta grandes novedades. Alguna que otra mentira gorda...

Castilla señaló que debido al vacío legal existente, hace casi dos décadas que no se ha producido ningún nuevo lanzamiento de este tipo de fármacos

Y una frase como para enmarcarla

no se puede aplicar el mismo baremo a una sustancia química que a una dilución

Pero, por lo demás, el artículo da vueltas en torno a un supuesto "vacío legal", quejas que como ya hemos visto en otras ocasiones se traducen más bien en un "queremos un trato aún más favorable". Pero la redactora del artículo no lo sabe (y eso que pistas no le faltan), y desde el titular



Hasta las entradillas



Pica y repica en lo del vacío.

No es ninguna novedad. Sin ir más lejos, hace un par de meses La Vanguardia publicaba un lamento parecido



Y si seguimos hacia atrás en el tiempo encontraremos cientos, miles de afirmaciones similares.

Y si bien los lamentos de los homeópatas son injustificados, lo cierto es que en general se considera que existe una falta de regulación de las llamadas "terapias alternativas". La mayoría (si no todos) de los partidos políticos prometen periódicamente emprender la tarea de dotarlas de un marco legal, y hasta hay alguna que otra propuesta normativa. Por no hablar, claro, del Decreto de regulación de las "terapias naturales" de la Generalitat de Cataluña, que como era de esperar fue declarado nulo por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad.

Ahora bien, ¿de verdad hace falta formular esa regulación? ¿Es tan necesaria?

En teoría aquí debería venir una larga disertación jurídica, pero se la ahorro. En lugar de eso vamos con un caso práctico. En esta ocasión nos lo ofrece Carcasor en esta entrada de su blog. Léanla, por favor, que merece la pena. Yo les espero.


¿Ya la han leído? Bien. Quizá después de conocer lo que promete el "doctor" Richard Millo piensen ustedes que, después de todo, sí que hace falta una regulación que ponga coto a estos abusos.

En cuyo caso estarán enormemente equivocados.

Repasemos el caso. El tipo este afirma, como cita Carcasor, que

la quiropráctica puede ayudarle si usted padece:

  • Falta de energía o fatiga.
  • Pinzamientos.
  • Dolores de cabeza y migrañas.
  • Disminución de la movilidad del cuello.
  • Traumatismo cervical.
  • Vértigos o mareos.
  • Tensión o dolor de hombros.
  • Adormecimiento u hormigueo en brazos, manos o dedos.
  • Dolor dorsal o lumbar.
  • Dolor de pecho o Asma.
  • Mala postura
  • Dolor abdominal o acidez
  • Ciática o dolor en la pierna
  • Problemas de rodillas o dolor articular.
  • Adormecimiento u hormigueo en muslos, piernas o pies.
  • Estrés.

Lo cual, sigue explicando Carcasor, no solo es falso, sino en muchos casos francamente peligroso. De hecho, probablemente sea peligroso en muchos más casos de los que cita, y eso por no ponernos a hablar de otros riesgos más difusos, pero reales, como la "necesidad" de controlar periódicamente la espina dorsal de los pacientes mediante radiografías.

Lo malo es que eso no se puede remediar regulando la profesión quiropráctica. La doctrina quiropráctica postula que lo puede curar realmente todo mediante la manipulación espinal, así que un reconocimiento de la profesión debería, en principio, aceptar semejantes barbaridades. Es el problema que tiene el pretender reducir lo que Ben Goldacre llama con acierto "la medicina basada en la fe": ¿cómo se puede dar validez a las creencias mágicas? ¿De verdad se puede dar reconocimiento oficial a una creencia sin fundamento real?

Y si, por otro lado, se pretendiera limitar el uso de la quiropráctica al tratamiento de las dolencias para las que sí ha demostrado alguna efectividad, la conclusión sería la misma: en realidad la quiropráctica solo parece tener cierta eficacia (limitada) en el tratamiento de dolores lumbares, probablemente porque sus "ajustes" hagan las veces de un masaje. Pero para eso bien podemos acudir a un fisioterapeuta, cuya preparación se ajusta más a criterios científicos y que no nos van a venir con cuentos sobre la "inteligencia innata" o las "subluxaciones".

Y queda un tercer problema, claro: si se regulan la homeopatía, la quiropráctica, la reflexología o el reiki, ¿por qué no la sanación por imposición de manos o las velas hopi? Si nos atenemos a la evidencia científica, ¿qué diferencia la reflexología podal del diagnóstico y tratamiento del mal de ojo?

Hace unos meses, un grupo de profesionales sanitarios dio a conocer su Propuesta Omega. La entrada final de su blog decía que

Según hemos podido comprobar en las anteriores entradas, tanto los Códigos Deontológicos de las diferentes disciplinas sanitarias como la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, regulan suficientemente la obligación de que las terapias que se utilicen estén basadas en la evidencia científica. Por ello, las noticias, como la señalada en otro post, en las que profesionales sanitarios anuncian como científicas terapias que no lo son, deberían ser controladas por los correspondientes colegios oficiales y por la administración sanitaria... salvo que los Códigos Deontológicos y las Leyes Sanitarias sólo se publiquen para rellenar hojas en las publicaciones respectivas y no sean de obligado cumplimiento.

 En realidad, la regulación de las terapias alternativas debería ir por ese camino, mejorando la protección de sus usuarios, como tantas veces hemos pedido desde Círculo Escéptico, y especialmente potenciando la información rigurosa sobre estas prácticas. No para impedir, como dicen algunos, la libertad de elección, sino precisamente para que esa libertad sea real, y quienes las elijan sean conscientes de lo que verdaderamente pueden o no ofrecerles. Pero, aparte de eso, ¿de verdad creen ustedes que deben legalizarse estas prácticas? ¿Se imaginan que Richard Millo y tantos otros de su cuerda pudieran colgar legalmente un título de "doctor" en su consulta?



Nota bene: Y antes de que nadie me lo pregunte en los comentarios: cuando digo eso de que


¿De verdad se puede dar reconocimiento oficial a una creencia sin fundamento real?

no me olvido de la existencia de las Facultades de Teología o del Registro de Entidades Religiosas. Aunque para esto último quizá sirva eso de la reducción al absurdo...

1 de mayo de 2010

Tomás y la Sábana Santa. Acto II: la comisión.

Han pasado algo más de 1300 años desde los acontecimientos del Acto I. Taller de un artesano a las afueras de Troyes (Francia). El fondo de la escena representa de lado a lado una pared. En su parte superior hay una fila de estrechas ventanas, por las que se atisban los tejados de las casas de la ciudad y algún campanario. En la parte inferior, y a lo largo de toda la escena, se ven lienzos de todos los tamaños apoyados de cualquier forma contra el muro. A la derecha del escenario hay una puerta que supuestamente da a la alcoba. A su lado hay una estantería en la que se apilan botes y frascos de todos los colores y tamaños. Inmediatamente a su izquierda hay un gran banco de trabajo repleto de herramientas y cachivaches: martillos, serruchos, cinceles, pinceles y brochas, rollos de pergamino, trozos de tela, etc., etc. En el centro de la escena, una mesa con una silla y un sillón a la izquierda mirando al escenario, y otra silla a la derecha. Sobre la mesa están los restos del almuerzo, una raspa de sardina y un poco de pan. A la izquierda de la escena está la puerta de entrada a la estancia.


ESCENA PRIMERA.

Al abrirse el telón aparece en escena el ARTESANO, caminando de un lado a otro con las manos a la espalda y aspecto muy nervioso. Tiene un inquietante parecido con Carlos Núñez Cortés. Cuando suena un reloj de cuco dando las cinco se pone aún más nervioso.


ARTESANO (hablando consigo mismo mientras camina): ¡Las cinco ya, las cinco! ¡Estarán a punto de llegar! ¡Qué compromiso, qué compromiso...!

Sigue caminando de un lado a otro. De repente se oyen unos golpes. Se detiene, va hacia la puerta y abre.

Entran el ABAD y el CANÓNIGO.

El ABAD es un tipo como de unos cincuenta o sesenta años, alto y delgado, con escaso pelo cano y una marcada tonsura. Sus ojos denotan una inteligencia viva y una voluntad resuelta, lo que confirma la expresión de su ceño y su boca, de labios finos. Su amplia frente está surcada de arrugas, su nariz es recta y bien proporcionada, y en su barbilla amplia y un tanto prognata destaca un hoyuelo igualito igualito que el de Kirk Douglas. El CANÓNIGO es algo más bajo y grueso, con rasgos más juveniles y una espesa mata de cabello negro que le llega hasta los hombros. También está tonsurado. En su cara destaca una gran nariz algo ganchuda, que contrasta con unos ojos pequeños y algo saltones que le dan aspecto de miope. Sus cejas negras, también muy pobladas, unos pómulos salientes y una barbilla huidiza y mal afeitada le dan un aire algo siniestro.

De todos modos estos detalles son indiferentes, porque durante toda la escena llevarán cubierta la capucha del hábito y no se les verá nada de la cara.


ABAD (engolando la voz): Dominus vobiscum.

ARTESANO: ¿Eh? No, gracias, no fumo.

ABAD: Digo que Dominus vobiscum, que el Señor esté contigo.

ARTESANO: No, no ha venido nadie más. Sólo os esperaba a vos y vuestro acompañante.

ABAD (suspirando): Bueno, da igual. Aquí estamos.

ARTESANO: Sí, aquí estáis.

Se hace un corto silencio.

ABAD: Y digo yo que estaríamos más cómodos allá (señalando las sillas).

ARTESANO: ¡Ah, sí, claro! Disculpad mis modales, es que no acostumbro a recibir a tan altos personajes. Pasad, pasad.

(Los conduce hasta la mesa y los asientos. El ABAD se sienta en el sillón, por supuesto, y el CANÓNIGO se sienta en la silla a su lado. El ARTESANO duda un poco y se sienta muy despacio en la otra silla).

ARTESANO: Estooo... Y bien, mi señor Abad, ¿a qué debo este honor?

ABAD: Pues veréis; mi canónigo acaba de volver de un largo viaje, y me refiere que en muchas iglesias y abadías ha visto largas colas de hombres y mujeres...

CANÓNIGO: ...y niños...

ABAD: ...y niños, peregrinando para postrarse ante las reliquias de los grandes santos que allí se custodian. En Censiers, por ejemplo, una multitud oraba ante el frasco que contenía el polvo del desierto que se quedó en las sandalias de San Atanasio cuando se retiró a la vida de anacoreta. En Turny, si no hemos sido mal informados, se conservan y veneran unos gladiolos del jardín de San Focas, y no menos apreciados son los galones de capitán de San Teodoro de Heraclea que se guardan en Champignol. Y en Vesoul, en fin, se nos ha dicho que todos los primeros viernes de mes sale en solemne procesión el barrilito del primer perro que tuvo San Bernardo cuando era joven.

CANÓNIGO: Apenas un chaval.

ABAD (mirando de reojo al CANÓNIGO y volviendo la cabeza hacia el ARTESANO): Muy joven, desde luego. ¿Y bien, artesano? ¿No tenéis nada que decir? Observo que os habéis turbado al escuchar esos nombres...

ARTESANO (que, en efecto, se ha ido poniendo cada vez más nervioso mientras el Abad iba haciendo su relación): Yo... yo... No, mi señor Abad, solo me he sentido algo abrumado al oír los nombres de tan santos varones, y de la boca de alguien no menos santo como sois vos. Yo soy un cristiano sencillo y...

ABAD: ¡Y gaitas! Mi canónigo ha podido averiguar, preguntando en los templos...

CANÓNIGO: ...sobre todo a los monaguillos...

ABAD: ...que todas esas y otras muchas reliquias no han venido de Oriente ni de otras lejanas tierras, sino de este taller.

Se hace un silencio solo interrumpido por el cucú, que inexplicablemente toca las cuatro. Finalmente el ARTESANO, que ha permanecido con la cabeza baja, se arroja a los pies del ABAD.

ARTESANO: Sí, sí, lo confieso. Yo las hice. Pero es que...

ABAD: Pero es que nada. Levantaos, que no vengo aquí a recriminaros, sino a proponeros un negocio.

El ARTESANO, sorprendido, se incorpora. Luego, a un gesto del ABAD, se sienta cuidadosamente en su silla.

ABAD: Como habréis imaginado, semejantes nuevas no me han sorprendido muy gratamente, sobre todo porque en estos tiempos de crisis apenas acuden ya peregrinos a mi abadía. Frente a esta competencia nosotros solo podemos mostrar los huesos de San Sisebuto, que francamente ya no atraen a los peregrinos.

ARTESANO: Es la incredulidad de nuestro tiempo, mi señor Abad. Los jóvenes de hoy en día ya no creen en nada.

ABAD: Sí, eso y además que los huesos son de pollo y no dan el pego.

CANÓNIGO: Hasta un niño se daria cuenta.

ABAD: El caso es que, como comprenderéis, necesitamos alguna nueva reliquia, y hemos pensado que quizá vos podríais proporcionarnos alguna.

ARTESANO: ¡Mi señor Abad! ¡Será un honor! ¡Tengo justo lo que necesitáis! (Se vuelve hacia la mesa, coge con mucha veneración los restos del almuerzo y se los muestra al Abad) ¿Véis? Son nada menos que un trozo de pan y un pescado que sobraron del milagro de los panes y los peces.

ABAD (frunciendo el ceño, aunque con la capucha no se note): Demasiado oloroso.

ARTESANO: Dejadme pensar... ¿Y qué tal un huevo del Espíritu Santo en forma de paloma?

ABAD: Demasiado visto.

ARTESANO: Mmmh... ¡ya sé! Por un módico precio puedo conseguiros un saco de estiércol del huerto del Santo Job.

ABAD: Demasiado visto y demasiado oloroso. No, necesitamos algo más original y si puede ser menos aromático. ¿Qué tal una Sábana Santa? Son la última moda.

ARTESANO: Disculpad, mi señor Abad; ¿una Sábana Santa?

ABAD: Sí, la Sábana en la que fue envuelto el cuerpo de nuestro señor Jesucristo (todos se santiguan) tras ser crucificado y muerto por sus pecados.

ARTESANO: ¿Una sábana? Creía que el Evangelio habla de unas vendas...

CANÓNIGO: ¡Ya estamos con esa chiquillada!

ABAD: ¡Una Sábana! Una Sábana en la que aparezca bien pintado el cuerpo de nuestro señor Jesucristo (todos se santiguan) con los estigmas de la crucifixión. Pensadlo, hombre, ¿cómo íbamos a mostrar la representación de Cristo (todos se santiguan) en unas vendas? ¿Envolviendo con ellas un monigote?

ARTESANO: Está bien, está bien, será una Sábana. ¿Algún género en especial? ¿Algodón, lana, poliéster?

ABAD: Lino. Están importándolo mucho últimamente y los precios están muy bien. Y tampoco está la economía como para muchas alegrías, con esto de la crisis... (Y rápidamente, al ver que el ARTESANO frunce el ceño) Lo cual no quiere decir que no vayáis a ser debidamente recompensado, claro.

ARTESANO: Está bien, mi señor Abad. Dejádmelo a mí.

ABAD: Muy bien. Entonces vendremos la semana que viene a comprobar vuestros progresos.

El ABAD y el CANÓNIGO se levantan y el ARTESANO les acompaña hasta la puerta)

ABAD (volviéndose al ARTESANO) Y recordad: todo es por el bien de nuestra Santa Madre Iglesia.

ARTESANO: Sí, Santa Madre Iglesia, sí, mi señor Abad.

ABAD (marchándose): Hasta dentro de una semana. (Engolando la voz) Dominus vobiscum.

ARTESANO: Ora pro nobis, mi señor Abad.


Cierra la puerta y vuelve hacia el centro de la escena frotándose las manos con nerviosismo

ARTESANO: ¡Una Sábana! ¡Qué compromiso, qué compromiso!

Se deja caer en la silla en la que estaba sentado antes, esta se rompe y el ARTESANO cae al suelo.

TELÓN.



ESCENA SEGUNDA:

El mismo decorado que la escena anterior. En vez de la silla que se rompió ahora hay un taburete de los de barra de bar, con el asiento tapizado en color butano. De extremo a extremo del escenario cuelga una cuerda, y de ella pende, como si estuviera tendida para secar, una sábana en la que aparece un hombre pintado. El ARTESANO está frente a ella, dándole los últimos toques. El cucú da las ocho y, casi al mismo tiempo, llaman a la puerta
.

ARTESANO (dejando la paleta y los pinceles sobre la mesa y acudiendo deprisa a abrir la puerta): ¡Las cinco ya! ¡Ya están aquí otra vez! ¡Qué compromiso, qué compromiso!

Abre la puerta y entran el ABAD y el CANÓNIGO.

ABAD: Dominus vobiscum.

ARTESANO: Y usted que lo vea. Pasad, pasad, señores.

ABAD: ¿Y bien, mi buen artesano? ¿Cómo va nuestro encargo?

ARTESANO: Casi terminado, mi señor Abad. ¡Mirad!

Les muestra la sábana tendida. El ABAD y el CANÓNIGO la contemplan en silencio.

ARTESANO: ¿Y bien, mis señores? ¿Qué os parece?

ABAD: Mmmh... Vamos bien, vamos bien, pero quizá habría que hacerle algún que otro cambio...?

ARTESANO: ¿No os place?

ABAD: Sí, si nos gusta, pero tenemos que hacer unos ajustillos. Por ejemplo el tamaño.

ARTESANO: ¿No os parece bien?

ABAD: Sí, eso está bien, pero no nos cuadra bien en el hueco que tenemos. Veréis, el arquitecto se hizo un lío con las medidas, y nos ha hecho un hueco un poco... oblongo. (Viendo la mirada de pasmo del ARTESANO) que quiere decir más largo que ancho.

ARTESANO: Bueno, la sábana es obl... más larga que ancha. Es de cama camera, casi de matrimonio bien avenido, y...

ABAD: Sí, pero no nos cabe. Tiene que tener 4,4 metros de largo y 1,1 de ancho.

ARTESANO: Pero...

ABAD: No hay peros. Tendréis que hacerla de nuevo.

ARTESANO: Sí, pero ahí caben dos Cristos por lo menos...

El ABAD y el CANÓNIGO se santiguan. Al ARTESANO se le olvida.

ABAD: Pues pintadlo doble, por delante y por detrás. Como si estuviese envuelto en la sábana.

CANÓNIGO: Sí, como si fuera un abrazo amoroso...

ARTESANO: Bueno, está bien. Pero, ¿y el dibujo, qué os parece? (señalándolo con una sonrisa de oreja a oreja).

ABAD: Mmmh... No está mal, no está mal. El trazo es quizá un poco...

CANÓNIGO: Infantil.

ABAD: Sí, infantil, pero no está mal. Pero también habría que hacerle algunos cambios.

ARTESANO: ¿Cuáles?

ABAD: Para empezar, habría que quitarle esas ropas. ¿Quién ha visto un Cristo yacente vestido como para ir a una boda?

ARTESANO: Pero los judíos no enterraban a nadie desnudo. Lo vestían con sus mejores ropajes. Además, si estuviese desnudo y con todas sus vergüenzas al aire...

ABAD: No, eso no. Tened en cuenta que entre los peregrinos que vengan a postrarse ante la reliquia habrá mujeres.

CANÓNIGO: Y niños.

ABAD: Que se tape sus partes con las manos, como hacemos todos... (mirando de reojo al CANÓNIGO) casi todos en las duchas.

ARTESANO: Pero si está tumbado y con los brazos a lo largo del cuerpo, las manos no llegan a taparle nada.

ABAD: Pues alargadle un poco los antebrazos y las manos, hombre. Total, ¿quién se va a dar cuenta?

ARTESANO: Alargar las manos, bien. ¿Alguna cosa más?

ABAD: Pues ahora que lo decís, sí. El pelo y la barba.

ARTESANO: ¡Si no tiene!

ABAD: ¡Exacto! No tiene.

CANÓNIGO: Le da un aspecto aniñado.

ARTESANO: Bueno, mi señor Abad, lo enterraron al modo de los judiós, así que debieron afeitarle.

ABAD: Sí, pero nosotros no somos judíos, ¿verdad? Somos cristianos. ¿No? (mirando fijamente al ARTESANO. Suena de fondo una especie de chisporroteo, como el fuego de una hoguera).

ARTESANO: Estoooo... Sí, claro. Barba y pelo, tomo nota. ¿Largo o corto? ¿Qué tal con un tupé?; siempre me han gustado, porque dan un aspecto...

ABAD (interrumpiéndole): No, nada de fantasías. Id a cualquier iglesia y fijaos en su aspecto. No tenéis más que copiarlo.

ARTESANO: Entendido, copiar peinado.

ABAD: Por lo demás está muy bien...

ARTESANO: Me alegra que lo digáis.

ABAD: Yo creo que vamos por buen camino, sí. ¿Os parece que vengamos dentro de una semana?

ARTESANO (que estaba un tanto perdido en sus pensamientos): ¡Oh, sí, la semana que viene, sí! Esto... ¿qué hago con las almohadas?

ABAD: ¿Las almohadas?

ARTESANO: Sí, claro, las almohadas. Había pensado en hacer dos, una con el Buen Ladrón y otra con el malo. Así podríais colocar una a cada lado y...

ABAD: No, nada de almohadas. Con la sábana bastará.

ARTESANO: Está bien, solo la sábana, sí.

ABAD (marchándose): Y recordad, es todo por el bien de nuestra Santa Madre Iglesia.

ARTESANO: Santa Madre Iglesia, sí, tomo nota.

ABAD (mientras sale por la puerta, engolando la voz): Dominus vobiscum.

ARTESANO: Y força al canut.

Cierra la puerta y vuelve hacia el centro de la habitación paseando nerviosamente.

ARTESANO: ¡Qué compromiso, qué compromiso!

TELÓN.




ESCENA TERCERA:

El mismo decorado, pero ahora de la cuerda cuelga una enorme sábana de 4,4 por 1,1 metros, con una representación bastante convencional de Cristo pintada de frente y de espaldas. El ARTESANO pasea nervioso por la estancia. Llaman a la puerta y, a continuación, mientras el ARTESANO va a abrirla se oye al cucú dando trece toques.


ARTESANO (abriendo la puerta): ¡Bienvenidos, mis señores!

ABAD (entrando, con la correspondiente voz engolada): Dominus vobiscum.

ARTESANO: Sí, ya se nota la primavera. Pasen, pasen y vean.

El ABAD y el CANÓNIGO se quedan contemplando la sábana. El ARTESANO tiene pinta de estar satisfechísimo.

ARTESANO: Ahora sí, ¿eh?

ABAD: Mmmh... Sí, ya nos vamos acercando...

ARTESANO: ¿Eh? ¿Qué?

ABAD: Que ya nos vamos acercando a lo que queremos. La pintura es buena, desde luego...

ARTESANO: Sí, claro.

ABAD: Pero no me convence el tamaño. Nuestro señor Jesucristo (todos se santiguan) os ha quedado un poco pequeño.

CANÓNIGO: Sí, parece casi un crío.

ARTESANO: ¿Pequeño? ¡Pero si mide uno sesenta! ¡Más que yo!

ABAD: Bueno, tampoco es que vos seáis Tatchenko precisamente...

ARTESANO: No, pero las medidas son correctas. Es lo que mide un hombre normal.

ABAD: ¿Queréis decir que nuestro señor Jesucristo (se santiguan todos) era un hombre normal? (Vuelve a sonar el chisporroteo).

ARTESANO: ¡No, no, claro que no!

ABAD: Pues eso. Nuestro señor Jesucristo (se santiguan todos) era un superhombre, algo así como Superman, vamos. Así que tenéis que pintarlo grande.

ARTESANO: Bien, grande. Pero se me van a salir los pies...

ABAD: No. Lo que podéis hacer es juntar un poco más la imagen de frente y la de espaldas.

ARTESANO: Pero entonces nadie se creerá que allí dentro hubo un homb... un superhombre. No cabría.

ABAD: Dejad lo de la credulidad de la gente para quienes entendemos de eso. Vos pintadlo como os digo.

ARTESANO: Muy bien, más grande y más juntitas las imágenes. ¿Algo más?

ABAD (contemplando unos momentos la sábana): Sí, los pies...

ARTESANO: ¿Qué les pasa a los pies?

ABAD: Por delante están bien, pero por detrás no me convencen. No se les ven los agujeros.

ARTESANO: Claro, porque tengo que ponerlos un poco levantados.

ABAD: En vez de eso ponedlos con la planta sobre la sábana.

ARTESANO: Pero... pero... pero... ¡Pero nadie puede doblar los pies así! ¡Eso sería antinatural!

ABAD: Bueno, antinatural, sobrenatural... total, más o menos...

ARTESANO: Es que quedaría muy raro...

ABAD: Hagamos una cosa: pintadle un pie así y vemos cómo queda, ¿de acuerdo?

ARTESANO: Está bien. Más grande, más juntos y un pie doblado. ¿Algo más?

ABAD: Por mi parte creo que nada más. (Mirando al CANÓNIGO, que entre tanto se ha ido acercando a la sábana y está mirando con mucho interés la zona genital del dibujo) ¿Véis algo, hermano canónigo?

CANÓNIGO: Os parecerá una chiquillada, pero...

El ABAD se acerca a ver qué está mirando el CANÓNIGO, se endereza súbitamente y se vuelve hacia el ARTESANO.

ABAD: Los agujeros de las manos.

ARTESANO: ¿Qué les pasa? Son bien redonditos y todo.

ABAD: Que están en las manos.

ARTESANO: Pero mi señor Abad, ¿es que no deben estar ahí? Los Evangelios...

ABAD (levantando la voz): ¡Ya me estáis hartando con que si los Evangelios dicen esto o dicen lo otro! ¿Acaso habéis estudiado en la Sorbona, como yo? ¿Sois vos licenciado en Teología?

ARTESANO: No, no...

ABAD: ¡Pues entonces! Debéis de saber que solo un eclesiástico debidamente formado puede leer los Evangelios y comprender su significado. Y vos no lo sois.

ARTESANO: Entonces, mi buen abad, ¿qué dicen los Evangelios sobre los agujeros?

ABAD (tras dudar un poco): Bueno... que estaban en las manos. Pero no podéis pintarlos ahí.

ARTESANO: ¿Por qué?

ABAD: Porque mirando a través del agujerito se ven las joyas de la corona de nuestro señor Jesucristo (todos se santiguan). Ya sabéis cómo es la gente, y en cuanto vean esto empezarán con chistecitos y tonterías: que si se le va a escapar el pajarito, que si yo la tengo más grande...

CANÓNIGO: Son como niños.

ARTESANO: Y entonces, ¿qué hago?

ABAD: No sé... ponedlos más arriba. En las muñecas, por ejemplo.

ARTESANO: Pero la gente se dará cuenta...

ABAD: Eso dejádnoslo a nosotros. Por lo demás está bien. Espero que la tengáis terminada la semana que viene.

ARTESANO (titubeando): La semana que viene... no va a ser fácil, mi señor Abad.

ABAD: ¿Y por qué?

ARTESANO: Veréis, señor... esta era la única sábana de ese tamaño que tenían los mercaderes de paños en toda la ciudad. Será difícil conseguir otra.

ABAD: Pues sí que es un problema, sí. Yo quería empezar la recaud... las ostensiones el día de San Aquilino...

ARTESANO: No sé qué hacer... yo...

ABAD: ¿Y si borráis la imagen?

ARTESANO: ¿Borrarla? Lo puedo intentar, pero seguramente quedaría algún rastro.

ABAD: Entonces borrad la imagen, dadle la vuelta a la sábana, y pintad por el otro lado. Si queda algún resto del dibujo no pasa nada, porque nadie se va a poner a mirar en la otra cara, ¿verdad?

ARTESANO: Sí, es posible que tengáis razón...

ABAD: Pues nada, ya está todo acordado. Volveremos dentro de una semana a la misma hora. Vámonos, hermano canónigo.

El ABAD y el CANÓNIGO salen por la puerta, pero cuando el ARTESANO llega hasta allí para cerrarla el ABAD asoma la cabeza por ella.

ABAD: ¡Ah! Y Dominus vobiscum.

ARTESANO: Gracias, gracias, igualmente.

El ABAD se marcha y el ARTESANO, tras cerrar la puerta, se sienta en el suelo junto a ella.

ARTESANO: ¡Qué compromiso, qué compromiso!

TELÓN.




ESCENA CUARTA:

El mismo decorado que en escenas anteriores, pero ahora la sábana que hay colgada se parece mucho más a la que conocemos, solo que la pintura no denota los seis siglos de lavados, planchados y plegados que le han dado su aspecto actual. No hay nadie en el escenario. De pronto suena un "cu" y a continuación un gran estrépito. Se abre la puerta de la alcoba y entra en el escenario el ARTESANO con un gran martillo en la mano


ARTESANO: ¡Qué compromiso, qué compromiso! Espero que esta vez les guste, porque ya no sé qué más puedo hacer. (Se detiene en el centro del escenario y contempla la sábana) la verdad es que me ha quedado bastante mona...

Llaman a la puerta. El ARTESANO corre a abrir y entran, como de costumbre, el ABAD y el CANÓNIGO.

ABAD (ya saben, con voz engolada): Dominus vobiscum.

ARTESANO: Sin pecado concebida. Pasad, mis señores, pasad. Creo que esta vez estaréis plenamente satisfechos.

El ABAD y el CANÓNIGO se quedan un momento contemplando la sábana.

ARTESANO: ¿Y bien, mi señor Abad?

ABAD: Casi, casi, perfecto.

ARTESANO (poniendo cara de pánico): ¿Casi?

ABAD: Veréis, el hermano canónigo y yo hemos estado hablando y pensamos que habría que darle un enfoque... digamos... más gore.

ARTESANO: ¿Más gore?

ABAD: Sí, más sádico. Seamos sinceros, esa corona de espinas tan pequeñas no asustaría a nadie.

CANÓNIGO: Ni a un niño.

ABAD: Y harían falta unas cuantas heridas más.

ARTESANO: ¿Más? ¡Pero si ya las tiene todas! ¿Queréis que le pinte otra lanzada en el pecho o qué?

ABAD: No, hombre, no, pero... Mirad, la espalda es muy grande. ¿Por qué no le ponéis más latigazos?

ARTESANO: ¿Más aún? Pero no puede ser, se hubiese muerto antes de llegar a la cruz.

ABAD: Mirad, vos sois un gran artista, sin duda, y entendéis de vuestro oficio. Pero el marketing es cosa nuestra, y creedme, una reliquia tiene que impresionar a la gente. Y nada impresiona tanto como una buena carnicería. Además, no os pido que la rehagáis entera, sólo que pintéis unos cuantos latigazos más y unas cuantas espinas más.

El ARTESANO, con aire resignado, toma su paleta y sus pinceles y se pone a pintar espinas.

ARTESANO Unas cuantas espinas más tarde: ¿Así está bien?

ABAD: Seguid, seguid, no os preocupéis. Nosotros estaremos bien aquí.

El ABAD se sienta en el sillón. El CANÓNIGO, tras vacilar un momento, se sienta en el taburete. Ambos contemplan al ARTESANO mientras este pinta más y más espinas, hasta llenar toda la parte superior de la cabeza.

ARTESANO (Volviéndose hacia el ABAD): ¿Os parece bien así, mi señor Abad? Ya no me caben más espinas.

ABAD: Muy bien, sí. Mmmh... ¿Qué es eso de ahí? (señalando una mancha roja en el pecho de la imagen de la sábana).

ARTESANO: Estooo... Debe ser del bocata de chorizo que cené ayer. Lo borraré enseguida.

ABAD: No, esperad. Eso me da una idea. Lo que realmente necesitamos es sangre.

ARTESANO: ¿Sangre?

ABAD: Sí, sangre. BLOOD. Un montón de sangre.

El ARTESANO abre la boca para decir algo pero recuerda que lo de que los judíos lavaban los cadáveres antes de enterrarlos lo dijo TOMÁS en el Acto I. Además, suena de fondo el chisporroteo de antes y decide callarse. Toma una brocha y un cubo que había por ahí y empieza a llenarlo todo de grandes manchurrones de pintura roja.

ABAD: Así, así. ¿Véis? Queda perfecto. Francamente, artesano, estoy contentísimo con esta sábana.

CANÓNIGO: Como un niño con zapatos nuevos.

De repente suenan varios golpes en la puerta y todos quedan paralizados. Finalmente el ARTESANO reacciona, tapa como puede la sábana con telas viejas, lienzos en desuso y trozos de papel de embalaje de El Corte Inglés, y abre la puerta.

Entra el OBISPO HENRI DE POITIERS, un tipo bastante gordo y fácil de reconocer por su ropa de obispo.

OBISPO (engolando la voz, claro): Dominus vobiscum.

ABAD y CANÓNIGO: Et cum spiritu tuo.

ARTESANO (al mismo tiempo que los otros dos: Morituri te salutant.

OBISPO: A ver, ¿qué pasa aquí?

El ABAD y el CANÓNIGO se miran el uno al otro, mientras el ARTESANO se esconde tras la sábana. Finalmente el ABAD reacciona, se levanta, se acerca al OBISPO, se arrodilla y le besa el anillo.

ABAD: Ilustrísimo y reverendísimo doctor... yo...

OBISPO: Sí, tú. Habla.

ABAD: Yo... ¿De qué queréis que hable, vuestra eminencia?

OBISPO (dirigiéndose a la sábana y destapándola): De esto.

ABAD: Yo... yo...

CANÓNIGO: ¡No es lo que parece!

OBISPO: ¡Silencio! Sí es lo que parece. Estábais tramando mostrar esto como si fuese la mortaja de nuestro señor Jesucristo, ¿eh? (todos se santiguan; el ARTESANO lo hace cinco veces).

ABAD: No, no, yo...

OBISPO: ¡No lo niegues! ¡Tengo pruebas! (Coge de su cintura una bolsa de cuero y derrama sobre la mesa su contenido, un montón de medallitas). Planeábais vender esto a los peregrinos, ¿verdad?

El ABAD baja la cabeza y no dice nada.

OBISPO: Pues para que lo sepáis, me voy a chivar.

Se dirige a la puerta.

OBISPO (volviéndose un momento): dominus vobiscum... pro nonnullus tantum.

El OBISPO se marcha y todos quedan en silencio un momento. Finalmente el ABAD, que seguía arrodillado, se levanta y se sacude el polvo del hábito.

ABAD: Bueno, tendré que escribir a mis contactos entre los Aubert. Con un poco de suerte esto se quedará en una bronca y pronto se olvidará. Estoy seguro de que de aquí a unos años nadie se va a acordar del Obispo Henri, pero la Sábana Santa será conocida y venerada en todo el mundo. Artesano, mañana enviaré a alguien a por ella. Y preparad vuestra cuenta, pero no abuséis, ¿eh?

ARTESANO: Sí, mi señor Abad.

ABAD: Pues hala, hasta luego. Y Dominus vobiscum.

El ABAD y el CANÓNIGO se marchan.

ARTESANO (hacia la puerta): Domo arigato. Se dirige al centro de la estancia y se deja caer en un sillón. Este Abad es tonto. ¿Cómo puede creer que la gente picará en un engaño tan burdo? ¿Y la posteridad, qué pensará de mí? (Cubriéndose la cara con las manos) ¡Qué compromiso, qué compromiso!


TELÓN.

FIN DEL ACTO II.